El presidente Donald Trump afirmó que protegía los empleos cuando el lunes retiró a Estados Unidos de manera oficial del Acuerdo Transpacífico de libre comercio.Pero su capacidad para ayudar a la economía estadounidense podría depender de si el mandatario puede lograr mejores acuerdos.

La mayoría de los analistas afirman que el pacto entre 12 naciones, producto de años de negociaciones durante el gobierno anterior, habría reducido los precios e impulsado las ventas en el extranjero para empresas automotrices, agrícolas y tecnológicas.

Pero Trump prometió que podría mejorarlo. Arrastrado por una ola de preocupaciones sobre la pérdida de empleos y la sospecha de acuerdos tan generales, el empresario que escribió “El arte de negociar” proyectó su imagen como la de un mejor negociador que su predecesor. Ahora planea rechazar los acuerdos multinacionales y enfocarse en pactos bilaterales.

El portavoz de la Casa Blanca, Sean Spicer, dijo el lunes a la prensa que la decisión de dejar el Acuerdo Transpacífico “da inicio a una nueva era de políticas comerciales de Estados Unidos, en la que el gobierno de Trump buscará oportunidades de comercio bilaterales con sus aliados de todo el mundo”.

El gobierno de Trump no ha revelado muchos detalles sobre la manera en la que estructuraría estos nuevos pactos comerciales para crear y retener empleos. A la cabeza de su equipo comercial estará Wilbur Ross, el multimillonario nominado por Trump para encabezar el Departamento de Comercio; el abogado Robert Lighthizer, nominado como representante comercial de Estados Unidos; y el economista Peter Navarro, un feroz crítico de China, que encabezaría un nuevo consejo de cuestiones comerciales de la Casa Blanca.

La Casa Blanca ha dicho que cree que es más fácil negociar tratados bilaterales en términos iguales, en lugar de un pacto multinacional como el Acuerdo Transpacífico, en donde un grupo de países más pequeños puede ejercer con mayor facilidad su voluntad. Desde luego que el desafío de los acuerdos comerciales bilaterales es que el gobierno federal tendría que realizar muchas más negociaciones y las reglas finales podrían no resultar uniformes.

El cumplimiento de las promesas de Trump podría depender de su pericia para manejar los oscuros detalles de estándares laborales y bienes domésticos. Trump podría negociar mayores protecciones para los trabajadores que podrían verse perjudicados por otras secciones del acuerdo que otorgan incentivos a las compañías que se mudan al extranjero, dijo Lori Wallach, directora de Public Citizen’s Trade Watch, una organización que se expresó en contra del Acuerdo Transpacífico.

“Podrías hacer bien la mitad del acuerdo y aun así terminar con un resultado que no quieres, con más empleo enviado al extranjero”, indicó Wallach.

Pero Wallach subrayó que los votantes podrán medir el rendimiento de Trump en los reportes gubernamentales mensuales sobre empleo y comercio, la mejor manera de ver de primera mano si cumple sus compromisos de incrementar los empleos de manufactura y reducir el déficit comercial.

No pasará mucho para que esa nueva postura sea puesta a prueba.

Trump tiene programada el viernes una reunión con la primera ministra británica Theresa May, con quien discutirá, entre otras cosas, la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea. La salida significa que May debe empezar a negociar nuevos pactos comerciales para reducir aranceles y darle a Gran Bretaña acceso a los mercados que perderá al salir del bloque europeo.

Pero la prueba más importante será la promesa de Trump de renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. El mandatario también tiene encuentros programados con el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, y el presidente de México, Enrique Peña Nieto, sus socios en el TLCAN, que representa el 24% de las importaciones de Estados Unidos.

Pero esas negociaciones podrían ser engañosas para los trabajadores estadounidenses, debido a que el triunfo de Trump ha provocado una caída en el peso mexicano. Un peso más barato vuelve a México más atractivo para que las compañías estadounidenses trasladen sus operaciones al sur de la frontera, lo que representa un posible desafío al momento de proteger a los empleados.

Parte de la solución de Trump es imponer un arancel de hasta un 35% a las compañías que muevan sus plantas al extranjero y luego vendan sus productos a los consumidores estadounidenses.

Su enfoque en el proteccionismo genera preocupación entre muchos expertos comerciales, que afirman que los menores costos de importación se traducen en precios más bajos de autos, ropas y otros artículos.

“La protección es realmente mala”, dijo Jeffrey Bergstrand, un economista de la Universidad de Notre Dame. “Todos resultamos perjudicados con los precios más altos”.

Será particularmente complicado salvar empleos de manufactura con la renegociación de tratados comerciales.

El comercio internacional representó tan solo 13% de la pérdida de empleos de manufactura en Estados Unidos, de acuerdo a un estudio realizado en 2015 por el Centro de Investigación Comercial y Económica de la Universidad Ball State. La mayoría de ese declive se debió a la automatización.

Trump no ha dicho mucho sobre los efectos de la automatización, dedicándole gran parte de su tiempo a reunirse con prominentes ejecutivos, como ocurrió el lunes antes de firmar la orden para salirse del Acuerdo Transpacífico. Trump también se reunió por la tarde con empleados sindicalizados para pregonar su rechazo al tratado.

Durante su charla con directores generales, entre los que se encontraban Kevin Plank de Under Armour, Elon Musk de Tesla y Wendell Weeks de Corning, Trump reiteró su plan de bajar impuestos y reducir las regulaciones federales para que ellos puedan preservar y crear empleos.

Pero también reiteró su amenaza de gravar a cualquier compañía estadounidense que traslade sus operaciones al extranjero.

“Si eso sucede, vamos a imponer un arancel muy alto a los productos que lleguen”, comentó Trump.